Como el silencio, para que deje de existir, hay que mencionarlo...

martes, 18 de octubre de 2016

Clutter!

Estamos haciendo remodelaciones en casa y como en cualquier otra remodelación hay que mover trikes de un lado para otro, sacar las cajas que estaban en el último rincón del closet y empezar a escombrar. Solo son dos habitaciones las que han sufrido cambios, y estos han sido mínimos y sin embargo la cantidad de cosas que hemos sacado nos sorprende.  ¿Dónde cabe tanta cosa? ¿Por qué tenemos todo esto guardado si no lo usamos?

Es sorprendente la cantidad de trikes que uno va guardando, que si el recuerdito, que si puede servir después, que este pantalón para cuando baje de peso, que este juguete para el siguiente bebe, patrañas! Nada de eso cumple su objetivo y simplemente se queda ahí, ocupando espacio y acumulando polvo.

De ahí que he caído en cuenta de que en casa tenemos dos problemas y muy serios, primero somos consumistas, nos gusta comprar, nos dejamos llevar por ofertas y propaganda llamativa, compramos cosas sin antes preguntarnos primero si realmente lo necesitamos o al menos si es que tenemos espacio para ese producto.

Segundo, tenemos apego por las cosas materiales, lo cual me da tristeza, ¿Cómo es posible que dejemos que estos trikes nos lleven a pleitos maritales, pleitos madre-hija o simplemente pleitos con uno mismo? No entiendo, estamos conscientes de que son cosas materiales, recuperables, y aun así hay un sentimiento de golpe en el estómago cada vez que hacemos depuración en casa.

Cada uno con sus cosas, mi esposo sus discos y ropa, mis hijos con sus juguetes y yo con mis libros, habiendo opciones digitales para evitar la acumulación y yo quiero seguir teniendo mis libros, ¿para qué!? Ya los leí, debería dejarlos para que alguien más los disfrute y sin embargo me duele solo de pensar en sacarlos de casa.

Y de nuevo regresamos a la propaganda y publicidad, uno ve en las películas casas tan bonitas, con tanta cosa bien ordenada, algunas con unas bibliotecas hermosas y a uno se le antoja algo así, y ¿como no? Si ahí mismo existe la publicidad tacita, o sea sin ánimo de vender específicamente libros pero si mostrando un ideal de hogar que a cualquiera se le antoja.  No, no, no necesitamos tanta cosa, algo de ropa, comida suficiente, casa y educación, es lo mínimo necesario, ¿Por qué nos aferramos a acumular cosas? 

Entiendo que descendemos de una generación donde la escasez era el punto débil, pero ya no, hemos superado esa situación, ahora tenemos mucho de donde escoger a la hora de obtener bienes, y con tantas opciones uno siempre esta en el dilema, y si puedo tener mas, ¿Por qué no?
"Pues porque no se necesita", debería ser la respuesta, pero estamos con un ligero trauma, siempre queremos prever el futuro y tener un guardado extra “en caso de”,  pues esos guardados son los que nos van llevando, de a poquito, a tener exceso de trikes en casa.

Otro punto a considerar es el estatus, el tener X o Y cantidad de ciertos objetos te da un estatus y uno lo quiere alcanzar, ¿Por qué o para qué? No lo sé, nuestro ego necesita ser alimentado y estamos desesperados por no dejarlo morir, cuando las prioridades deberían ser otras.

Cada vez veo más casas llenas de trikes y menos hogares felices, los niños tienen tantos juguetes (incluyendo mis hijos) que ya no es divertido ni emocionante jugar con ellos, al contrario, es agobiante, he notado en mis críos, que nomás ver el closet lleno mejor lo cierran y se van a jugar ellos solitos, creando historias, inventándose personajes, la emoción de los juguetes es mas de nosotros los adultos que  de ellos.

Lo mismo pasa con la ropa, es frustrante en las mañanas ver un closet lleno de ropa y simplemente decir “no tengo que ponerme” y todo  ¿por qué? Pues porque no hemos sacado la que no nos queda o no nos gusta para dejar a la vista la que si usamos, esa que de pronto queda escondida entre una blusa ochentera y un pantalón talla 2 que estoy segura jamás usaré de nuevo.

Estoy cansada, si, no por algún esfuerzo físico, mi mente está cansada y necesita oxígeno, pero con tanto trike ¿pues cómo?

Necesito aprovechar esta oportunidad, ahora que hemos movido todo de lugar y sacar al menos la mitad de cosas que tenemos, todo lo que no usamos, todo lo que no sirve, todo lo que no tiene un espacio definido va pa’ fuera.

Sera una catarsis lo sé, serán días de pleitos y arrebatos, pero no quiero pensar en la tormenta, prefiero ver más allá y anticiparme al arcoíris que llega después. 


Ya les contare como fué…

jueves, 13 de octubre de 2016

Todos los miércoles al salir de mi clase y a veces después de algún evento "culturoso" que sigue a la clase y a donde regularmente nos invitan con entrada gratis con tal de llenar las butacas del lugar, sigo la misma ruta.  Ya es de noche cuando comienzo el trayecto, y, para sorpresa de muchos es uno de los momentos que mas disfruto, es donde mi mente se deja llevar y solita empieza a crear mundos, personajes, historias, esos veinte o treinta minutos que tengo de soledad, son mi escapatoria, y todavía algunos me preguntan: ¿que tiene de especial conducir? mentes cerradas sin aprecio por los pequeños detalles.

Bueno, como les decía, todos los miércoles, al llegar a mi barrio paso por la misma calle, no importa si voy directo o si tengo que hacer alguna parada en la tienda de la esquina para comprar algunos víveres, es una calle divida por un canal pluvial, al que en secreto siempre he tenido miedo de caer, en esa calle, en la acera derecha, justo en el segundo alto, enfrente del parque, ahí en ese punto especifico, he visto a la misma mujer durante los últimos tres o cuatro (que se yo) miércoles, con la misma ropa, con el mismo peinado, con el mismo maquillaje, a la misma hora y con la misma actitud pintada en el rostro, ¿a donde se dirige o a quien espera esa mujer a esa hora del miércoles? ¿que tiene de especial ese día? Porque he pasado por ahí diferentes días pero a la misma hora y Sara (así la he bautizado) solo esta en ese punto los miércoles a las 10 p.m.

¿Que tienen de especial los miércoles?

Ayer me perdí, al menos eso creo que paso, recuerdo a medias que caminaba con la mochila a cuestas, era temprano y sin embargo mis pies gritaban que no podían mas, mire a la orilla del camino un lugar donde descansar, una fuente de agua y una sombra, sonreí.

Me recosté sobre la tierra, así tal cual, sin cobija ni esterilla ni nada que evitara el contacto directo, fue lo mejor que pude haber hecho, el fresco de la tierra relajo mi espalda y ayudo con el dolor de cabeza, cerré mis ojos, algo de luz alcanzaba a pasar la barrera que mis parpados trataban de imponer, trate de seguir la danza de las siluetas y no supe mas de mi.
Supongo que pasaron al menos un par de horas, no lo se, un golpe en mi pierna me despertó, el bastón de un peregrino se tropezó conmigo... Solo era mi marido.

-Despierta ya son las seis, quiero unos huevos para el desayuno.

Simplemente me dedique a disfrutar del recuerdo de ese sueño y durante el resto del día me pregunte, ¿que hubiera pasado si...?
¿Me tienes en tus manos, qué vas a hacer?