Hortensia la hormiga, caminaba solita en el salón, un salón de clases para humanos, por lo tanto, proporcionalmente enorme para ella, parecía perdida, caminaba y caminaba sin rumbo fijo. Después de un ratito se encontró con dos hormigas amigas, andaban igual de perdidas también.
-Hortensia! Hortensia! ¿Cómo salimos de aquí?
-No lo sé, no veo la salida, ¿y si buscamos juntas? fue la propuesta de la hormiguita.
-Busquemos!
Y caminaron por todo el salón, formando círculos y otras figuras extrañas mientras veían solo paredes enormes y sentían el cemento del piso frío en sus patitas. Después de tanta vuelta entraron los alumnos al salón, fue algo inesperado, Hortensia y sus amiguitas corrieron en diferentes direcciones en un intento desenfrenado por esconderse y protegerse, se alejaron, se perdieron de vista y Hortensia comenzó a llamarles, ninguna respondió.
Cuando los alumnos tomaron sus lugares, Hortensia con el peso de la preocupación sobre su cabeza y hombros, emprendió la búsqueda, pasaron unos minutos, llego a una de las grietas en el piso y ahí, en el fondo se encontraba Francisca, una de las dos amiguitas, yacía con sus patitas hacia el cielo, inmóvil, fría al tacto, una lagrima y unos cuantos suspiros se le escaparon a Hortensia, su amiga se había ido, ahora tenia que dejarla cumplir su parte del ciclo, le tocaba a Francisca ser nutriente para otros animalitos que necesitaran de ella.
Continuó el camino, gritando el nombre de su otra amiguita perdida, Lupita, la mas pequeña del grupo, de quien siempre se había sentido responsable, la que sin motivo ni razón había despertado su instinto maternal, Lupita no aparecía, en su desesperación, Hortensia decidió aventurarse y subir a una de las mesas, después de un largo esfuerzo llego a la cima y entre lapices y hojas comenzó de nuevo la búsqueda.
-Lupita! Lupita! gritaba ya casi sin esperanza.
No había ninguna señal de su pequeña amiga.
Se dio por vencida, el llanto la abrumo, en un segundo se detuvo todo, quiso avanzar a su siguiente fase, quiso valerse por si misma, pero no sabia por donde empezar, estaba sola, perdida, sin comida, ni amigas ni nada que pudiera ayudarle a sobrevivir, nada, excepto su determinación a no dejarse morir.
A lo lejos miro que uno de los estudiantes había comido algunas galletas y afortunadamente las migajas estaban sobre la mesa, se acerco con cautela, tomo la primera y con mucho cuidado y esfuerzo a la vez, la llevo a la parte de abajo, cerca de una de las patas de la mesa, donde consideró podría estar segura hasta el ultimo segundo.
Regreso y tomo otra migaja, repitiendo la operación con la cautela necesaria para no morir bajo el libro o teléfono de alguno de los alumnos, lo hizo tantas veces que después de un rato, había debajo de la mesa un bultito visible ya de migajas.
Hortensia se sintió satisfecha, ahora tenia comida, pero que pasaría con sus amigos, ¿Como la encontrarían?
Pues nada, no podía hacer nada mas, tenia que continuar con su vida, comía, respiraba, vivía, a primera vista no le faltaba nada, sus necesidades básicas estaban cubiertas, pero se sentía sola, estaba sola! y esa sensación la mantenía despierta, no podía hacer nada para evitar esa pesadumbre, esta sola, rodeada de humanos, ninguno la notaba, ninguno jugaba con ella, era al revés, era ella la que vivía al pendiente de sus movimientos solo por sobrevivir entre estos gigantes, que dicho sea de paso, hacían todo menos poner atención a la platica de su maestro.
Y así transcurrió una indescifrable cantidad de tiempo, de hecho se había olvidado de como medir el tiempo así que en realidad no sabia si habían pasado unas horas, días o minutos.
De pronto se topó con un espejo, una alumna lo había dejado por ahí intentando evitar que el maestro se diera cuenta de que lo usaba durante su clase, Hortensia vio su reflejo y no pudo creer cuanto había cambiado, sus antenas iban en picada, sus ojos se veían tristes y ningún esfuerzo por sonreír podía ocultarlo, su piel había empezado a tomar un tono mas pálido por la falta de luz solar, había sido un cambio radical, no era ella, era un versión vieja de ella, se alejó rápidamente del espejo y buscó su lugar favorito junto al montón de migajas, se comió un pedacito con sabor a chocolate y se sentó a esperar, no sabia que esperaba, solo sabia que tenia que esperar.
Sonó el timbre que indicaba el final de la clase, todos los alumnos salieron y Hortensia entre el ajetreo no se inmutó, estaba cansada, dolida físicamente, se limito a quedarse en su rinconcito, mirando como los gigantes se alejaban, en grupos algunos, otros se iban solos, el maestro fue el ultimo en salir, Hortensia suspiro, se relajo, dejo escapar esa culpa que la mantenía encorvada, la culpa por haber perdido a su amiga, por no haber buscado mas tiempo, por no poder hacer nada mas.
Cuando el maestro apago la luz, Hortensia cerró los ojos, al escuchar que la puerta se cerraba detrás del maestro ella, simplemente exhalo y por fin descansó en paz.
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